El corazón de la luciérnaga
miércoles 23 de diciembre de 2009
ROSARIO, DINAMITERA
Era tu mano derecha,
Buitrago ha sido testigo
Rosario, dinamitera,
lunes 16 de noviembre de 2009
TESLA
miércoles 4 de noviembre de 2009
GESTOS
martes 20 de octubre de 2009
TAGO EN USERA
lunes 12 de octubre de 2009
DE PERROS Y HOMBRES
¿Qué cosa es la rabia? – Se preguntaba Luis Aguilé en su lecho de muerte, recordando a los acampanados quinceañeros que le tiraban tomates durante una actuación en el Pueblo de Vallecas, a finales de los años sesenta.
Difícil pregunta, en verdad.
Tal vez la rabia es lo que permanece cuando el resto de los órganos vivos han muerto.
Tal vez la sombra del perro, cuando ya no le quedan fuerzas ni para ladrar su hambre.
Tal vez un veneno que agranda las venas hasta convertirlas en túneles, surcados por las aguas fecales de la impotencia.
Todo eso es la rabia y, además, las palabras que se tragan cuando tenían vocación de haber sido pronunciadas.
La rabia es una guerra contra el propio alma, que ha descubierto su inexistencia y se rebela airada.
Y ninguna guerra es buena, ni siquiera aquellas que han sido motivadas por amor.
Pero Luis Aguilé seguía partiendo hacia el Valle de los Esperpentos Musicales sin poderse consolar con estas pueriles definiciones.
Se escondía tras una enorme corbata, que antaño fuera cobijo del Frescales o del Tío Calambre.
Y en el Café, la gente comentaba su muerte como se habla del tiempo, o del último partido del Real Madrid.
¿Qué cosa es la rabia? – Y exhaló una definitiva bocanada melódica, de espumarajos y corcheas, sobre el mundo de los vivos.
…
Aquí yace Luis Aguilé. Todos le querían y nadie daba un duro por él.
Ahora vendrán los discos con sus grandes éxitos, los artículos periodísticos sobre su memorable obra, los panegíricos y los homenajes en Cine de Barrio.
La Oreja de Van-Goh versionará sus temas.
Y nosotros seguiremos, durante unos pocos días, contemplando sus fotos descoloridas y sin saber una puta mierda sobre el significado último de la rabia
… contenida
… acumulada
… decidida
… despechada…
La rabia nuestra de cada día.
lunes 5 de octubre de 2009
MALOS TIEMPOS PARA LA MÚSICA
(En un rincón del Café, sin que nadie repare en su presencia, dos personajes dispares se reconocen y se abrazan. Él, delgado y elegante, como un Rey Patchuco. Ella, oronda y campechana, como un pájaro grande sobrevolando el altiplano).
Sr. DEVILLE: ¿Usted también, amiga Tucumana?
MERCEDES: Ya ve, Don Willy, no somos nada.
Sr. DEVILLE: Ahora podremos charlar tranquilos en este rincón del Café. Fíjese, ni siquiera necesitamos una mesa vacía.
MERCEDES: Es lo que tenemos los espíritus, que con poco nos conformamos.
Sr. DEVILLE: Ciertamente. Un poquito de éter, una leve brisa, un viejo retrato cubierto de polvo… y ya podemos sentirnos como en casa.
MERCEDES: ¡Si lo hubiéramos sospechado cuando estábamos vivos!
Sr. DEVILLE: Pues no le engaño si afirmo que yo me imaginaba algo parecido.
MERCEDES: Es posible que esto sea la felicidad, pero debe darme tiempo. Le recuerdo que yo acabo de llegar.
Sr. DEVILLE: Hoy los argentinos están llorando su pérdida a moco tendido.
MERCEDES: En cierto modo, es un alivio. Y debo decirle que el mundo también se sobrecogió cuando usted lo abandonó, Sr. Willy. Tenía muchos y buenos admiradores.
Sr. DEVILLE: Y algunos estupendos amigos.
MERCEDES: Eso es lo fundamental. Aunque me apena el dolor de mis amigos y mi familia. Pero… ¿Cómo podría consolarlos desde aquí?
Sr. DEVILLE: No se le ocurra hacer ninguna cosa rara, Doña Mercedes, que los vivos se asustan sobremanera cuando perciben presencias del otro lado.
MERCEDES: Pues ¿sabe una cosa, Don Willy?... Yo siempre pensé que usted no moriría, que era una especie de Loup Garou, o como se diga eso… ¡Vaya, un hombre lobo en potencia!
Sr. DEVILLE: No le falta razón, Doña Mercedes, pero incluso los lobos hallan su momento para descansar. Y yo estaba muy agotado. Las malas lenguas decían que debía haber encontrado la muerte muchos años antes, tal vez a causa de mi vida desordenada.
MERCEDES: Es verdad. Pero después de unas existencias tan duras como las nuestras, recorriendo exilios políticos y exilios interiores, participando a tope de la Historia, de la gente, del fatigoso mundo de los escenarios…
Sr. DEVILLE: Sí, quizás era el momento de parar.
MERCEDES: Seguramente. Pero, entonces… ¿Por qué me encuentro tan apenada?
Sr. DEVILLE: Eso habrá que dejarlo para otro día, Tucumana. Pero quiero hacerle una proposición... ¿Me concedería usted este baile?
miércoles 30 de septiembre de 2009
MALDAD CAFÉ (I)
(No, el café no era malo. Tal vez un poquito aguado. Pero entraba mejor que la achicoria.
Y los clientes… quizá un poco mezquinos, como cualquier hijo de vecino, pero dentro de los límites habituales.
Ni el dueño, ni los camareros tenían la culpa.
En realidad era el propio local el que destilaba ese halo de maldad indescriptible.
Sobre todo, en aquella tranquila tarde del lindo mes de Mayo…)
PILUCA: Una vez me encontré una cucaracha en la taza del café.
JOSÉ ARCADIO: ¿Y qué hiciste?
PILUCA: Nos besamos y después fuimos a una boite a celebrarlo… ¡No te jode!
JOSÉ ARCADIO: Era simple curiosidad…
PILUCA: Ya veo.
JOSÉ ARCADIO: Me tienes en ascuas.
PILUCA: Es que tú eres fácil de calentar, querido.
JOSÉ ARCADIO: Entonces, dime… ¿Qué hiciste con la cucaracha?
PILUCA: Pues la dejé en el cenicero y me bebí el resto de la taza.
JOSÉ ARCADIO: ¡Qué asco!
PILUCA: Cosas peores se han visto.
JOSÉ ARCADIO: ¿Cómo qué?
PILUCA: Pues mira, así a bote pronto, me acuerdo de la primera vez que te vi desnudo.
JOSÉ ARCADIO: ¡Qué mala follá tienes, bonita! ¿Por qué me enamoraría yo de ti?
PILUCA: Por mis labios carnosos.
JOSÉ ARCADIO: Más bien sería por tu lengua venenosa.
PILUCA: Pues parece que a ti te gusta mucho cuando te succiono la…
JOSÉ ARCADIO: ¡Vale, Piluca, por Dios! ¡Esto está abarrotado de gente y nos van a oir!
PILUCA: Me gusta la cara de capullo que pones cuando estás nervioso. Me recuerda a tu madre.
JOSÉ ARCADIO: ¿Por qué? Mi madre no tiene capullo.
PILUCA: Debe ser lo único que le falta para confundirla con un sargento de la legión…
(to be continued...)


