Poca gente pasó por el extinto siglo XX con tanto morro, tanto desparpajo, tanta cara, como La Bestia 666, el enigmático follador místico, embaucador atlético, alpinista poético, yogui espasmódico, fundador de sectas descocadas, drogadicto predicador del “Haz lo que quieras”, visionario iluminado en pos de la vulva de su Mujer Escarlata.
Creador de la O.T.O. e inspirador de la novela “El Mago” de W. Somerset Maugham, Aleister Crowley epató, horrorizó y ridiculizó a la sociedad victoriana en una época convulsa y sembrada de iluminados ocultistas e ideólogos.
¿Qué era en definitiva la Nueva Era ? ¿El reino anunciado de los nigromantes postcristianos? ¿El advenimiento del comunismo como redención solidaria para la Humanidad? ¿La institución de un Nuevo Orden que pusiera por fin a cada uno en su sitio y a los judíos en un cenicero?
Crowley fue criticado y denostado en su tiempo. Y como reacción, unas décadas después se tendió a rescatarlo de su relegado infierno particular, otorgándole un aura de astrólogo libertario y libertino simpático.
Crowley no fue de ninguna manera un personaje asequible o simpático, salvo para unos pocos iniciados, a los que castigó igualmente con su egoísmo desmedido e histriónico.
Hay que reconocerle, no obstante, cierta originalidad en algunos de sus escritos y doctrinas mágicas.
El Aeón de Horus no ha hecho más que empezar … ¡Quién sabe si no será celebrado un día como el Mesías que trató, en vano, de indicarnos el camino apropiado para llegar con pie derecho a la orilla más bestia del Apocalipsis!
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