viernes 21 de octubre de 2011

Algo parecido a un mono

La tía Remedios tenía un mono. Un mono pequeño y muy listo. Fue antes de la guerra. Se lo trajo su hermano de la propia Cuba.
Entonce
s, los niños aún no habían nacido.
La tía Remedios vivía junto a la vía del tren. Se le iban las horas mirando por la ventana el paso de los mercancías, con su mono en el hombro, como una piratesa de ópera barata.
Luego, a base de subir y bajar la barrera, el tío Julián consiguió dejarla embarazada. Y ella seguía el curso de los hierros paralelos, con su lémur trepado junto al cuello. Soñando mundos perdidos en el trópico, mientras la barriga ¡ay! seguía creciendo.
Cuando nació Luisito, al bicho le dio un ataque de celos. Lo pillaron dos veces intentando estrangular a la criatura. Fueron tiempos difíciles, pero la tía Remedios aguantó el tirón sin ceder ante la sugerencia de los familiares cercanos, que exigían el sacrificio del animal para preservar la vida del bebé.
Finalmente, las aguas volvieron a su cauce. Niño y mono crecieron a la par y todo el mundo decía que se parecían como gemelos.
Remedios y Julián tuvieron más retoños, pero ninguno estuvo tan cercano a la felicidad arbórea como Luisito y su lémur.
Remedios no pudo sonsacar jamás a su hermano la verdadera procedencia del falso simio.
Julián observaba sin opinar. Hay cosas en el mundo que es mejor no ver, se decía entre dientes.
Luisito crecía mirándose la cola. Quizás era la única diferencia entre ellos. O tal vez no, porque el lémur carecía de Historia, de escrúpulos y ombligo.
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2 comentarios:

iguana dijo...

Bonita historia de hombres y lemures,

niebla dijo...

Estoy colocando viejas historias, que ya dormían en el fondo del baúl.